Zoom al robo de datos

La cuarentena desató una guerra silenciosa en internet entre ciberladrones, estafadores, piratas, hackers y extorsionadores de todo tipo.

Allá afuera hay un mundo salvaje y cada vez más descontrolado. Debemos prestar atención a la guerra silenciosa que transcurre aquí y ahora detrás de esta pantalla.

El objeto en disputa son los datos. La estela de información que dejamos en internet, y que incluye desde nuestras transacciones bancarias, las compras e intereses personales, hasta la geolocalización.

Según los especialistas en seguridad informática, al unísono de la pandemia mundial se desató también una plaga de cibercrimen con admirable capacidad de adaptación a las más urgentes necesidades de mantener, al menos, una mínima parte de la vida económica, educativa y social online. Hecha de “hackers” profesionales, estafadores amateurs y oportunistas con ingenio y banda ancha, esta otra pandemia incluye distintas modalidades.

En Argentina, desde el inicio de la cuarentena hasta el 30 de abril, el crecimiento de las consultas por distintos crímenes virtuales creció un 47% en relación al mismo período del año pasado, según un informe de la Asociacion Argentina de Lucha contra el Cibercrimen (AALCC).

En condiciones de encierro y “home-office” compulsivo, los primeros puestos están ocupados por la extorsión, el fraude y la suplantación de identidad.

Según la AALCC, más del 51% de las consultas recibidas desde los últimos dos meses se relacionan con crímenes con un móvil económico. Para el mismo período del año pasado apenas superaba el 38%.

Entre el 20 de marzo y el 30 de abril, por ejemplo, la asociación recibió 45 consultas por extorsión on line, 39 consultas por phishing, 34 por distintos tipos de fraude y alrededor de 80 consultas más por motivos que incluyen calumnias, amenazas y usurpación de identidad entre otras razones.

Los dueños de internet y el coronavirus

A nivel internacional, Microsoft fue una de las empresas tecnológicas que más seguimientos hizo de las tendencias en alza del cibercrimen durante la cuarentena.

Entre los ataques detectados, uno de los más exitosos estuvo dirigido a diversas empresas estadounidenses a las que, a través de un correo falso en nombre del Centro de Tratamiento de Enfermedades. Se les ofrecía información sobre un supuesto “plan de inicio de actividades comerciales para el mes de mayo”. Incluyeron también una amable solicitud de datos bancarios para preparar los protocolos de cobranza.

Cuando las víctimas ilusionadas con volver a trabajar abrían el correo, los hackers lograban accesos a los passwords guardados en sus equipos. Solo les restaba cruzar los datos para saber cuándo usarlos.

Lo curioso es que ninguna de estas advertencias impidió que el propio Bill Gates, erigido como un extraño profeta de la salvación del mundo, también quedara bajo ataque al publicarse gran cantidad de información reservada de la Fundación Gates y la Organización Mundial de la Salud.

En un nivel más mundano, la batalla sin pausa entre las empresas de Silicon Valley encontró un territorio inédito: las plataformas de videoconferencia.

Este mercado de repente quedó dominado por Zoom. Es una empresa californiana cuyo producto permitió una opción rápida para llevar adelante a través de las pantallas algo parecido a “eventos sociales”.

Zoom se considera “una herramienta para peatones, no para corporaciones”. El modo en que la información de sus usuarios resulta vulnerada lo demuestra bastante bien.

Un paso más allá del cibercrimen, la pregunta es: ¿quiénes deberían pagar el uso de los equipos personales (teléfonos, laptops y tablets) cuando dejan de funcionar como bienes personales y se convierten en instrumentos de laburo?

Frente a la incertidumbre de los modos de trabajo bajo la pandemia, lo que hace falta es una regulación laboral clara que determine de qué manera empleadores y empleados deben relacionarse.

Fuente: Revista Crisis

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